miércoles, 2 de febrero de 2011

Leamos esto. (Cortesia de Periodismo sin Fronteras)

SANTOS Y GARZÓN: UN VERDADERO FALSO POSITIVO

Por Alberto Acosta Ortega*

“Soy Conservador pero votare por Santos”, me confesaba un viejo amigo porque, según él, la candidata de su partido “no encarna el pensamiento y doctrina conservadora”. Le hice entonces las siguientes preguntas: ¿Puedes estar contra el aborto y aun así votar por Santos-Garzón? ¿Puedes estar en contra del matrimonio y adopción por homosexuales y aun así votar por Santos-Garzón? ¿Puede estar en contra de la eutanasia y aun así votar por Santos-Garzón? ¿Puedes considerar el neoliberalismo como la gran catástrofe económica de Latinoamérica y aun así votar por Santos-Garzón? ¿Puedes odiar profundamente el comunismo y un así votar por Santos-Garzón? ¿Puedes apoyar a las FF.MM., defender el fuero militar y aun así votar por Santos-Garzón? ¿Puedes creer que el camino del dialogo con la guerrilla ya esta agotado y aun así votar por Santos-Garzón? ¿Apoyaste el no al despeje de Florida y Pradera y aun así quieres votar por Santos-Garzón?. Aceptó la contradicción de las dos posiciones, pero aún así sostenía su voto por Santos-Garzón, porque según él: “seguirá la política de seguridad democrática de Uribe y para lograr aquello era necesario primero la derrota de los terroristas”. Nada más falso que este supuesto sobre el candidato del Partido de la U.

Andrés Pastrana

La seguridad democrática tuvo su concepción en el fortalecimiento y entrenamiento de las Fuerzas Armadas, resultado del Plan Colombia suscrito por Andrés Pastrana con los EE.UU. Fue cuando se crearon las brigadas móviles, los comandos conjuntos, aumentaron las operaciones y mejoraron las instalaciones, se enviaron a cientos de soldados a entrenamiento especial, el gobierno gringo donó millones de dólares en tecnología para el Ejercito de Colombia y compartió mucho de sus secretos militares para enfrentar juntos el narcotráfico. La llegada de Uribe le dio comienzo a la más exitosa ejecución, de toda nuestra historia, de una política de paz basada en la seguridad nacional y en la confianza de nuestras Fuerzas Militares. Nunca antes la opinión pública le daba un abrumador voto de confianza a un presidente que en lugar de recurrir a discursos de dialogo y negociación para conseguir la paz, lo hacia por medio de la defensa de la Constitución y las leyes colombianas, confiado plenamente en la labor de nuestros soldados y policías.

Dos ministros ejecutaron esa gran labor con acierto y progreso, pero no podemos decir lo mismo de los dos que los sucedieron. No sabemos si con pleno conocimiento o por ingenuidad le pusieron freno tan exitosa tarea. Ellos abrieron las puertas a la vigilia constante de las ONG nacionales y europeas, que con lupa examinaban cualquier combate con la guerrilla buscando ocasión para incriminar a los miembros de las FF.MM., entregando a los soldados de Colombia a la insaciable Fiscalía, voraz por ganar indulgencias con el sacrificio de otros. Prestantes hombres de honor que otrora comandaron las mas feroces y exitosas batallas contra el narcotráfico y el terrorismo, fueron llevados uno a uno a estrados judiciales por un Fiscal de dudosa procedencia y mérito pero con sobrados diplomas para inventarse artimañas y mentiras en contra de los héroes que comandaron exitosas operaciones en el pasado. Fueron cuatro años continuos de ataques y persecuciones a nuestras FF.MM., ya no desde el lado militar sino judicial. Lo que ganaban nuestros soldados en el campo de batalla lo perdían con creces en los estrados.

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